Corona/Puente sobre implante​

¿Qué es la corona/puente sobre implante?

Un puente o corona sobre implantes dentales es una restauración prostodóntica utilizada para reemplazar dientes perdidos.

Este tratamiento se lleva a cabo cuando existe una pérdida de dos o más piezas dentales. Los puentes sobre implantes ofrecen ventajas significativas, como una mayor estabilidad y durabilidad en comparación con los puentes dentales tradicionales que se apoyan en dientes naturales, además no dañan los dientes naturales.

En primer lugar, se ancla al hueso dos o más implantes de titanio biocompatible que harán la función de raíz, soportando con seguridad la fuerza de la masticación. Sobre estas estructuras se fija una prótesis fija para aportar total funcionalidad a tu nueva dentadura, recuperando así una apariencia natural y saludable.
Estas restauraciones también proporcionan una función masticatoria completa, mejorando la calidad de vida del paciente. Además, no implican la modificación de dientes sanos adyacentes, lo que preserva la salud de estos dientes.

DIFERENCIAS ENTRE PUENTE SOBRE IMPLANTES Y EL PUENTE DENTAL

SOBRE IMPLANTES

Principalmente se diferencian en el tipo de pilar sobre el que se asientan las coronas. En el caso de los puentes sobre implantes los pilares donde se apoyan son los propios implantes (raíz artificial).

SOBRE DIENTES

En el puente dental, los pilares son los dientes naturales. Estos se suelen tallar para hacerlos más pequeños y de ese modo, poder colocar la corona sobre ellos.

PREGUNTAS FRECUENTES

Una corona sobre un implante dental es una prótesis que se coloca en la parte superior de un implante, que es un tornillo de titanio insertado en el hueso maxilar o mandibular. La corona simula la forma y función de un diente natural, permitiendo masticar y hablar con normalidad.

Los tiempos en un tratamiento de implantología son variables según la persona y el tratamiento. Para poder colocar la prótesis definitiva debemos esperar a que este (el implante) se integre perfectamente en el hueso. La osteointegración puede ir, aproximadamente, desde los tres a los seis meses.

Durante el procedimiento de colocación del implante, se utiliza anestesia local para minimizar el dolor. Después de la intervención, es normal experimentar algo de malestar, pero este puede ser controlado con analgésicos. La mayoría de los pacientes consideran que la incomodidad es menor de lo esperado.

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